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La carencia de legitimidad democrática de las instituciones del capitalismo contemporáneo

La carencia de legitimidad democrática de las instituciones del capitalismo contemporáneo

Palabras pronunciadas para repudiar la presencia de Luís Almagro en SD,  Secretario General de la OEA.

Lunes 13 de junio de 2016.

por Mario Bonetti

Una de las características de las instituciones del actual sistema capitalista mundial que nos gobierna, es el haber liquidado el fundamento político de su otrora legitimidad democrática, y que fuere en el pasado su portaestandarte doctrinario con el cual destronó los sistemas político-sociales y culturales de las noblezas hereditarias.

Desde finales del siglo XIX y comienzos del XX en Europa central y del norte y en los EE UU (con exclusión de Europa oriental y del III Mundo latinoamericano, asiático y africano) la legitimidad democrática de los regímenes políticos se fundamentaba en el acatamiento de la voluntad popular  por medio de la realización de elecciones nacionales. Esta legitimidad protegía doctrinaria y políticamente a los  regímenes capitalistas de conmociones sociales o de revoluciones políticas de inspiración popular.

Sin embargo, andando el tiempo en el contexto de las crisis cíclicas del capitalismo ( ejemplarmente la crisis del 1929)  y ante el avance del socialismo en el mundo entero , principalmente después de la II Guerra Mundial, las libertades  civiles  en los EE  UU    y la legitimación democrática de las instituciones  dirigentes de las sociedades capitalistas,  principalmente en los EE UU,  han ido  reduciendo discreta y  paulatinamente el   fundamento de dicha legitimación en la medida en que éstas  se han ido sustrayendo al control de la voluntad popular para ejercer su dominación sobre el mundo, principalmente en los EE UU.

1)   El mismo sistema político-electoral  de los EE UU carece de   legitimación democrática para que el Gobierno de ese país ejerza  mundialmente  en nombre de la democracia el  papel rector que detenta a la mala y con amenazas de violencia militar,  en la medida en que los presidentes no son elegidos por el voto directo de la población mayoritaria que participa en las llamadas  elecciones “primarias”, mejor dicho en el circo cuatrianual que tiene  lugar en ese país.

A los presidentes norteamericanos los elige una minoría  que dice actuar y elegir en el nombre de las grandes mayorías  y dice representar la voluntad de los electores.

Eso no excluye la posibilidad de un fraude electoral  como ocurrió en el 2000 cuando resultó elegido por la minoría de electores  el guerrerista George W. Bush, representante de las  industrias del petróleo y  las  grandes empresas  de producción militar, que sacó menos votos que su contendiente del Partido Demócrata Al Gore, y sin  embargo se alzó   con la victoria gracias  a dos grandes factores: el uno es la elección de los presidentes por un reducido gremio de electores y el otro a la influencia del complejo militar-industrial, que necesitaba   en la presidencia de los EE  UU   a un hombre de más confianza que Clinton,  o sea,  a un calificado  representante de la alta  clase social y de su línea de negocios, principalmente el de la guerra y la fabricación de armas.

El renombrado periodista e intelectual británico Gregor Palast  , de alta credibilidad en el mundo del periodismo serio,  denunció en su libro “La Mejor Democracia que el Dinero puede comprar” ( the Best  Democracy Money can buy) que para las elecciones presidenciales en los EE UU del año 2000, alrededor de 91 000  personas, ante todo blancos pobres seguidores del Partido Demócrata, afroamericanos y Latinos, fueron eliminados del padrón electoral por órdenes  entonces  Gobernador de ese Estado, Jeb Bush, hermano del “ganador “ de tales votaciones ( sin elección) Georg Bush. (v. page 23,” La historia jamás  contada sobre cómo manipularon las  elecciones  en Florida”).

 

Por otra parte  lo que existe en los EE UU en calidad de sistema político partidista no es sino el dominio de un solo partido con dos nombres diferentes, a saber: “Partido Demócrata” y “Partido  Republicano “, pero es la misma cosa, pues le sirven exclusivamente  a la misma clase social y en dichos partidos  no tienen cabida los intereses ni  las aspiraciones  del 99% de la población que supuestamente “elije” a sus gobernantes, sin preguntarnos, además,   cuál es el muy bajo  porcentaje de personas que participa  en las votaciones, y  no elecciones, ya que hay votaciones pero  no una elección.

 Se sobreentiende que un muy  bajo porcentaje de electores le resta legitimación democrática al sistema político.  

Preguntémonos ahora  ¿ y qué pasa cuando la población mayoritaria  se rebela contra ese sistema de minorías multimillonarias, o sea, el 99% contra el 1% de la población?

Tomemos un solo ejemplo de nuestros días para no retrotraernos a las matanzas de obreros norteamericanos  en las décadas del 1910-1930.

¿Cómo  fueron tratados los jóvenes  y viejos  que se rebelaron contra el poder de Wall Street, aquellos jóvenes y viejos  del movimiento del “Occupy Wall Street”  en septiembre del 2011, especialmente cuando el imperialismo observó lleno de pánico como de Nueva York el movimiento había saltado a otras 52  ciudades de los EE UU y tenía  simpatizantes en todo el mundo capitalista?

¿Fueron tratados  con los procedimientos legales anclados en la Constitución y  las leyes norteamericanas,   o  a puro macanazos  policiales,  con gas pimienta en los  ojos de los protestantes  y con arrestos de larga duración?

¿Y qué  pasó en España con el movimiento de los Indignados?

2)   Se dijo más arriba que  la institucionalidad que resulta  de la  legitimación democrática de toda entidad que ejerza poder público, emana del acatamiento  de la voluntad popular expresada en elecciones honestas o en alguna forma de mandato popular.

¿Quién le da legitimación democrática al Gobierno norteamericano para imponer las  leyes adoptadas  por el  Congreso de los EE UU más allá de las fronteras de ese país, como ocurrió con la Ley Helms-Burton contra Cuba del 12 de marzo del 1996 o para intervenir en países extranjeros militarmente, como  ocurrió en  los casos del Irak, Granada, Panamá, República Dominicana, y ahora en Siria?

¿Quién le dio legitimidad democrática al Gobierno de Obama para amenazar con una invasión  militar a Venezuela, tal como se expresara el general John Kelly, antiguo jefe del Comando Sur de los EE UU?

¿Quién le ha dado legitimación democrática al sistema bancario estadounidense  para arruinar cuando sea necesario y conveniente  las economías de los países de la periferia capitalista, y con ello desestabilizar o derrocar gobiernos desagradables?

¿Quién le ha dado legitimación democrática al sistema de medios comerciales  de comunicación de masas dominantes en nuestro sistema capitalista para ejercer el poder que tienen y que ejercen sin conciencia  y sin escrúpulos morales algunos , incluso para desestabilizar o derrocar gobiernos legítimamente constituídos,  y que saben guardar el conveniente silencio cómplice en los casos de dictaduras militares pro-norteamericanas  o cuando los aliados de los EE UU  cometen genocidios contra la indefensa población civil , como ocurre periódicamente en el criminal Estado sionista de Israel contra los palestinos, en Turquía o en Arabia Saudita ?

¿Puede llamarse democrático al sistema de medios de comunicación  comerciales en los EE UU cuando apenas cinco (5) grandísimos conglomerados capitalistas dominan  la totalidad de los medios comerciales de prensa escrita, radio y televisión , haciendo que la información sea una mercancía al servicio del sistema político norteamericano?

 

3)  Y ahora , acercándonos al tema que nos concierne,  que es la  desagradable presencia en Santo Domingo  del Sr. Luís Almagro, Secretario General del a OEA, en ocasión de una sesión de dicho organismo en esta ciudad, y el cual actúa como adelantado  y pro-consul imperialista ,representante de facto del Gobierno norteamericano como en aquellos tiempos cuando Cuba fue excluída de este mismo organismo,  tenemos que constatar dolorosamente que desde que asumió el cargo de Secretario General viene practicando una política  injerencista  en los asuntos internos de otros Estados, como lo hizo con la República Dominicana cuando , abusando de su cargo, le exigió al Gobierno dominicano  derogar o desconocer la sentencia del Tribunal Constitucional 168-13 que regula el status de nacionalidad dominicana.

Como es sabido, la dación  o el  otorgamiento  de  la nacionalidad es competencia exclusiva  de los Estados nacionales y no de la OEA, mucho menos de su Secretario, o de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.  Sin duda alguna que  el Sr. Almagro se cuidaría en extremo  de criticar a los EE UU por casos mucho más graves de violación de los DD HH que los asuntos internos de la República Dominicana.

En el caso de Venezuela es aún mucho peor.

El Sr. Almagro tiene una obsesión con Venezuela que proviene de la encomienda recibida del Gobierno norteamericano de llevar  la guerra política contra este país al  nivel internacional de la OEA,  dada la imposibilidad de recibir un mandato del Consejo de Seguridad que lo autorice a preparar la base política de una invasión militar imperialista  a Venezuela, o que legitime la preparación diplomática  a nivel regional de dicha invasión.

¿Cuál es la legitimación democrática que ha recibido el adelantado  y Capitán General  Almagro de parte de los Cancilleres  o de los Embajadores   para desatar  por su propia cuenta una guerra político-diplomática  contra nuestra hermana Venezuela?

¿Cuál resolución del Consejo de Seguridad o de la misma Asamblea General de la OEA, o  de los Cancilleres  existe, quienes son en el papel, o sea, formalmente,  los superiores  inmediatos del adelantado Almagro, autorizándolo a intervenir directamente, o para querer sustituir al muy honorable y legítimo Presidente Maduro  en los asuntos internos de Venezuela,  haciendo exigencia de cosas que son atributos exclusivos del Presidente venezolano?

Nosotros, los demócratas dominicanos y amigos de Venezuela nos avergonzamos de tener en nuestro  país a un altoparlante del imperialismo y gritamos a  pleno pulmón:”Fuera Almagro”.

 

 

 

 

 

 

 

 

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